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Se da cuenta en el número 395 de Correo Farmacéutico de que el Consejo General de Colegios de farmacéuticos y la Organización Médica Colegial han pactado el impulso de un registro común de los medicamentos dispensados a favor de una atención farmacéutica que favorezca el uso adecuado de los medicamentos, a la vez que deberá proporcionar información a los profesionales sanitarios.
A la vista de esto a mi se me ocurre pensar que estas declaraciones programáticas que sobre el papel quedan bien, corren el riesgo de quedar en poca cosa cuando con esa declaración de intenciones no se dice como se pone en práctica la idea, que se sustenta además en “crear instrumentos de transparencia” o de no echarse en cara los recelos de unos profesionales frente a otros, prueba evidente de su existencia.
La Ley 44/2003 de Ordenación de las Profesiones sanitarias, salió a la luz después de muchas discusiones y desencuentros hasta el punto que la propia ley en su exposición de motivos II quiso terciar y determinó que “ en esta ley no se ha pretendido determinar las competencias de unas y otras profesiones de una forma cerrada y concreta sino que se establece las bases para que se produzcan estos pactos entre profesiones, y que las praxis cotidiana de los profesionales en organizaciones crecientemente multidisciplinares evolucionen de forma no conflictiva, sino cooperativa y trasparente”. De esto hace más de nueve años.
Esto que parece tan simple, encierra todo un tratado de tradicionales desencuentros , que no por venir de lejos dejan de pedir a gritos la conciliación de posturas, que no parecen tan próximas, y si más un deseo que una realidad, basado fundamentalmente en los privativos papeles que cada uno desempeña en el teatro sanitario y que en modo alguno pretenden compartir.
La farmacia ha luchado por surgir desde sus propios rescoldos; hace años que trata de reinventarse, y la atención farmacéutica (algo indefinido legalmente) vino a ser la fórmula idónea para vincular una sociedad cada día más consumidora de medicamentos a un acto mecánico de dispensación (en lo que se había convertido), para lo que se hacía necesaria la figura del llamado “uso racional” de los medicamentos, concepto este que tiene serias implicaciones de los profesionales sanitarios primero y de los ciudadanos después.
Las facilidades para prescribir con cargo a un sistema nacional de salud y la necesidad de rentabilizar una actividad como la de oficina de farmacia con márgenes cada vez más ajustados crean un caldo de cultivo cuando menos peligroso para cuadrar los presupuestos del estado en el gasto farmacéutico y un terreno más que abonado para los departamentos eficaces de inspección.
El Consejo General de Colegios es verdad que lleva tiempo luchando por encontrar esos factores socio/legales que den firmeza al “Decálogo Institucional” que se proclamó en el año 2004, pero también es verdad que el empuje de los profesionales de la farmacia se encuentra con la resistencia de los otros profesionales de la medicina, creo que un desencuentro en toda regla.
Pero de lo que piensan quienes gobiernan las instituciones ¿que dicen “las bases”?; pues bien disculpen que no sea muy optimista, porque hoy en una oficina de farmacia puedo decir sin temor a equivocarme que en el día a día estos profesionales tienen que manejar cuestiones que afectan a la farmacovigilancia, sustitución de medicamentos y precios de referencia, trazabilidad, protección de datos de carácter personal, seguridad e higiene en el trabajo, registro de recetas, seguimiento farmacoterapéutico, atención farmacéutica sin coste adicional para el ciudadano y ahora también hablaremos, al parecer, de un registro total de los medicamentos dispensados; sin duda una carga de trabajo gratuita, sin precedentes y sin soporte legal por muchas modificaciones que se pretendan.
Tengo que concluir con una máxima: Los farmacéuticos con oficina de farmacia más que iniciar aventuras como la pretendida, necesitan un asesor jurídico detrás y esto sin duda para juristas como es mi caso, es una buena noticia.
Madrid, Enero 2010
Mariano AvilésMuñoz- Farmaiuris abogados
Artículo publicado en Correo Farmacéutico
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